El peso, la forma, la vocalización y la energía influyen en lo fácil que es calmar al gato en un transportín aprobado.
Razas con más alertas de salud, cara plana, sin pelo o cuerpos extremos merecen autorización temprana.
Pelaje largo, piel sin pelo y sensibilidad al calor exigen mejor ruta, horario y temperatura.
Adaptabilidad, tolerancia a extraños y necesidades sociales ayudan a estimar la preparación previa.